Hipótesis

Algunas hipótesis sobre su evolución

Desde la era de los dinosaurios, que habitaron la tierra hasta unos 65 millones de años atrás, las tortugas lucían similares a como lo hacen hoy. Firmemente protegidas por el caparazón, esta parte se encuentra conectada con una zona baja más suave llamada plastrón. Ante la ausencia de mayor evidencia, los científicos se atreven a hipotetizar sobre cómo este caparazón llegó a ser tan eficaz protección para las tortugas: hasta ahora se explicaba que el caparazón evolucionó desde la piel, con pequeñas formaciones óseas llamadas "osteodermis" -similar a la piel de los cocodrilos- que crecieron en tamaño para llegar a formar una especie de forro cutáneo, que con el tiempo se unió a las costillas.

 

La nueva hipótesis es que el plastrón se formó primero, seguido por el crecimiento y la ampliación de las costillas y la columna vertebral, para formar el duro caparazón que permitió a estos animales escapar de los predadores. Un proceso similar viven los embriones de tortuga, al transformarse en crías.

 

"Con el Odontochelys ahora tenemos evidencia clara de cómo emerge un ejemplar adulto" declaró el Dr. Xiao-chun Wu, paleontólogo del Museo Canadiense de la Naturaleza, con sede en Ottawa y co-autor del estudio. El grupo de científicos, liderado por Lau Li-Jun del Museo de Historia Natural de Zhejian, en Hangzhou (China) también sugiere que el hallazgo apunta al origen acuático de las tortugas.

 

El hecho es que la Odontochelys semitestacea tiene sólo medio caparazón en su parte superior, pero un plastrón en el vientre que evidencia que la parte inferior estaba expuesta a los predadores en el medio acuático.

 

"Los reptiles que viven en la tierra tienen sus vientres cerca del suelo, lo que les permite exponerse poco al peligro", dice el co-autor Dr. Olivier Rieppel, del Museo Field de Chicago. Los científicos también encontraron otros reptiles marinos e invertebrados incrustados en la misma roca en Guizhou, todas ellas ejemplares de la misma especie nueva en "transición" a como vemos hoy a las tortugas.

 

Evidentemente aún nos queda mucho por descubrir de la evolución del mundo animal, y la publicación de estos hallazgos se agradece enormemente.

Características

 

La característica más importante del esqueleto de las tortugas es que una gran parte de su columna vertebral está soldada a la parte dorsal del caparazón. El esqueleto hace que la respiración sea imposible por movimiento de la caja torácica; se realiza principalmente por la contracción de los músculos abdominales modificados que funcionan de modo análogo al diafragma de los mamíferos y por movimientos de bombeo de la faringe.

 

El cráneo presenta características de un gran primitivismo. Aunque carecen de dientes, tienen un pico córneo que recubre su mandíbula, parecido al pico de las aves.

 

Al igual que todos los reptiles, las tortugas son animales ectotérmicos, lo que significa que su actividad metabólica depende de la temperatura externa o ambiental.

 

Las tortugas mudan la piel; sin embargo, a diferencia de los lagartos y serpientes, lo hacen poco a poco. También mudan o desprenden los escudos del caparazón, individualmente y aparentemente sin un orden determinado.

 

Caparazón

Organización de los escudos del caparazón de una tortuga.

El caparazón consta de dos regiones:

 

Espaldar: es la parte superior o dorsal (también llamado "caparazón"); está constituido por cinco hileras de placas; la central o neural, en posición media, flanqueada a cada lado por las hileras costales, que, a su vez están flanqueadas por las hileras marginales.

 

Plastrón: es la parte inferior o ventral (también llamado "peto").

Los caparazones de las tortugas están compuestos por gruesas placas óseas internas, que son osificaciones de la dermis que se sueldan a las vértebras y a las costillas; son una excepción las especies de la familia Trionychidae, en las que dichas placas están reducidas o son cartilaginosa (rica en calcio). Sobre estas placas óseas, viene uno de los siguientes revestimientos:

 

Piel especialmente consistente, casi coriácea (parecida al cuero).

 

Placas córneas de queratina, comparables a las escamas de los demás reptiles.

 

Escudos óseos cubiertos por una fina capa córnea ligeramente calcificada (sólo en el caso de las tortugas terrestres; es decir, la familia Testudinae).

Las tortugas que presentan revestimiento cutáneo son las tortugas de caparazón blando (familia Trionychidae) y la tortuga nariz de cerdo (Carettochelys insculpata). También la tortuga marina laúd (Dermochelys coriacea) tiene revestimiento cutáneo pero fortalecido con numerosas láminas óseas pequeñas.

 

El resto de las tortugas tiene un caparazón formado por placas óseas con revestimiento de escudos queratinosos. Dichas placas no coinciden en número, posición ni tamaño con los escudos, y esto es lo que proporciona rigidez y solidez a ese tipo de caparazón.

 

Las tortugas no pueden quitarse el caparazón, tal como se muestra en algunos dibujos animados, porque la columna vertebral y las costillas están soldadas a éste. La estructura, forma y colorido del caparazón de las tortugas varía de una especie a otra.