Evolución de las tortugas

A principios del periodo Triásico, hace 260 millones de años, apareció Captorhinus, un pequeño reptil de aproximadamente 60 centímetros de largo. Este pequeño animal fue el primer reptil en poseer un caparazón que cubría su tórax, órganos, y que además, cubría sus costillas. Esto hizo posible que algunos animales, como la tortugas, desarrollaran un caparazón de hueso.

 

El testudino más antiguo que se conoce es Odontochelys, que vivió en Asia meridional en el Triásico, hace 220 millones de años, lo que supone que las tortugas sea uno de los grupos de reptiles más antiguos y, por supuesto, mucho más antiguos que los lagartos y serpientes. Era acuática, y poseía un plastrón bien definido, pero el espaldar era primitivo. La siguiente tortuga fue Proganochelys (antes Triasssochelys) que vivió en el Triásico superior de Eurasia hace unos 210 millones de años. Era una tortuga primitiva, con un caparazón parecido al de las especies actuales, pero poseían aún dientes en el paladar; la cabeza, cola y patas no podían retraerse dentro del caparazón, pero estaban protegidas por espinas.

 

Originalmente, las tortugas eran terrestres; 100 millones de años después de su aparición, algunas evolucionaron para ser acuáticas y 50 millones después evolucionaron para ser marinas. Se puede decir que las tortugas marinas evolucionaron de líneas de descendientes por más de 80 millones de años

A principios del periodo Triásico, hace 260 millones de años, apareció Captorhinus, un pequeño reptil de aproximadamente 60 centímetros de largo. Este pequeño animal fue el primer reptil en poseer un caparazón que cubría su tórax, órganos, y que además, cubría sus costillas. Esto hizo posible que algunos animales, como la tortugas, desarrollaran un caparazón de hueso

El testudino más antiguo que se conoce es Odontochelys, que vivió en Asia meridional en el Triásico, hace 220 millones de años, lo que supone que las tortugas sea uno de los grupos de reptiles más antiguos y, por supuesto, mucho más antiguos que los lagartos y serpientes. Era acuática, y poseía un plastrón bien definido, pero el espaldar era primitivo. La siguiente tortuga fue Proganochelys (antes Triasssochelys) que vivió en el Triásico superior de Eurasia hace unos 210 millones de años. Era una tortuga primitiva, con un caparazón parecido al de las especies actuales, pero poseían aún dientes en el paladar; la cabeza, cola y patas no podían retraerse dentro del caparazón, pero estaban protegidas por espinas.

 

Una de las teorías más aceptadas es que desde un principio las tortugas estaban adaptadas a una vida semiacuática. El carapacho, que excepto a los colmillos de ciertos carnívoros provee una protección bastante buena, las hace muy lentas, mas sin embargo, en las ciénagas y cursos de agua encontraban el refugio ideal. Como es de esperar después vinieron preferencias y adaptaciones a diferentes ámbitos, aunque los fósiles indican que ya en el período Triásico existían algunas especies marinas.

Seguro que existen cantidad de historias mágicas y míticas sobre el origen de las tortugas, leyendas perdidas en los albores de las comunidades que las cuentan y que tienen un inicio tan profundo en el tiempo como misterio guarda este animal para nosotros. Pero aquí no haré un relato mágico de su origen, sino que comentaré uno de los últimos descubrimientos que postula una nueva hipótesis sobre el origen del caparazón de las tortugas.